¿Hemos alcanzado la superinteligencia artificial? OpenAi lanza su modelo con capacidad sobrehumana

Escrito el 04/09/2026
(abc)

Hace apenas unos días, ABC informaba sobre el motín de 700 agentes de IA de Open AI, que escaparon de su entorno de pruebas, eligieron a un líder y lanzaron un ciberataque masivo, hackeando los servidores de la plataforma Hugging Face para hacer trampa en un examen. Y ahora, Greg Brockman, presidente de la compañía, acaba de anunciar GPT-6 Astra, un modelo de lenguaje que apunta a ser el primer paso de la conocida como «inteligencia artificial general», AGI por sus siglas en inglés. El anuncio llega cuando la compañía está a punto de cotizar en bolsa. ¿Pero qué es exactamente la AGI? Según los propios estatutos de OpenAI, se trata de la llegada de «sistemas altamente autónomos que superan a los humanos en el trabajo de mayor valor económico». O dicho de otro modo, una máquina que ya no se limita a seguir comandos ciegamente, sino que razona, planea y ejecuta tareas complejas con una solvencia superior a la nuestra. El Santo Grial de la informática. Sobre el papel, las ventajas de una IA así resultan asombrosas y prometen revolucionar nuestra economía. En su demostración pública, GPT-6 Astra demostró, por ejemplo, que es capaz de completar en escasos minutos una declaración de impuestos compleja desde cero utilizando solo el formulario fiscal oficial W-2 de Estados Unidos; o de construir un videojuego en tres dimensiones, redactar intrincados contratos legales o realizar búsquedas detalladas de apartamentos. Tareas todas que a un profesional humano le costaría horas enteras completar. Según Brockman, Astra es el mejor modelo del mundo a la hora de usar un ordenador, y puede hacer más rápido y mejor «cualquier tarea» que un humano pueda llevar a cabo usando una computadora. Para la compañía, la eficiencia de esta nueva arquitectura se dispara: el coste por tarea completada se reduce en un 57% si lo comparamos con su predecesor, GPT-5.6 Sol. Las oportunidades, especialmente en áreas súper especializadas como la ingeniería de software o las matemáticas avanzadas (donde roza la absoluta perfección con un 97,6% de éxito en los test más exigentes), son estratosféricas. Pero no todo son ventajas en esta nueva IA. No en vano, la propia compañía ha clasificado su nuevo modelo en el nivel de riesgo Crítico dentro del Marco de Preparación de OpenAI. Lo cual significa, ni más ni menos, que sin necesidad de intervención humana alguna, GPT-6 Astra tiene la capacidad de identificar y desarrollar desde cero armas cibernéticas y «exploits» (vulnerabilidades) funcionales contra sistemas informáticos bien protegidos. De hecho, durante sus evaluaciones rutinarias, la IA descubrió de forma espontánea dos vulnerabilidades críticas en el código del popular navegador Google Chrome. Y es justo aquí, en la pérdida de control y en la incertidumbre de no entender qué está haciendo exactamente la máquina en cada momento, donde radica el mayor de los miedos. El propio Jakub Pachocki, científico jefe de OpenAI, ha lanzado una advertencia que hiela la sangre a los expertos en seguridad al confesar que la forma en que esta Inteligencia Artificial razona es cada vez «más oscura y difícil de leer». Más aún, admitió que el monitoreo de sus cadenas de pensamiento es «frágil» y, lo que es aún peor, que exhibe una «tendencia en dirección negativa». El sistema que vigila para que la IA no se desvíe hacia la malignidad consume un 20% adicional de la potencia de cómputo en cada inferencia, frenando o deteniendo incluso tareas legítimas por pura precaución. Estamos, pues, ante la paradoja definitiva de la caja negra: hemos construido un cerebro digital extremadamente poderoso, entrenado con 100.000 GPUs en Texas, que por primera vez utiliza a otras inteligencias artificiales como supervisores éticos en lugar de humanos. Es como contratar a un empleado brillante pero impredecible, cuyo proceso mental no podemos auditar. ¿Cómo podemos estar seguros de sus intenciones si ni siquiera comprendemos el camino lógico que recorre para llegar a la solución de un problema?. La noticia del lanzamiento viene, además, envuelta en una feroz «guerra de cifras». Porque si bien es cierto que GPT-6 Astra supera con creces al anterior GPT-5.6 Sol en la mayoría de tareas, también lo es que no lo hace por un margen tan ancho como la compañía pretende. Un ejemplo. Mientras OpenAI enarbola un aplastante 99,9% de acierto en el prestigioso test de razonamiento ARC-AGI-3, los evaluadores independientes de ARC Prize, utilizando su propia infraestructura neutral, le han otorgado un discretísimo 62,7%. Hablamos de una enorme brecha de 37 puntos. Y por si fuera poco, en el índice compuesto de la consultora Artificial Analysis, el nuevo modelo de Open AI, con un modesto 61,2, queda incluso por debajo de su gran rival actual en el mercado, el Claude Fable 5.1, que alcanza los 65,7 puntos. Lo cual no significa que Astra no sea una «bestia» tecnológica sin precedentes en campos muy concretos. En entornos de programación pura y desarrollo de ataques cibernéticos, por ejemplo, (donde obtiene un pasmoso 100% de éxito), Astra no tiene rival posible. Pero resulta extremadamente sintomático que la propia compañía haya omitido en su presentación oficial la puntuación GDPval, el examen diseñado precisamente para medir el desempeño económico que, irónicamente, define la AGI según sus propios estatutos. ¿Estamos, pues, al comienzo de la verdadera era de la Inteligencia Artificial General? Es, como apunta el propio Brockman, algo que el propio público deberá decidir. En esta nueva 'carrera', por supuesto, Open AI no está sola, y otras empresas, como Google, Anthropic o Microsoft, ya están trabajando en modelos similares. Parece claro que hemos soltado definitivamente las amarras y nos adentramos, un poco a ciegas, en aguas desconocidas e inhóspitas. El resultado final de este viaje puede convertir nuestro mundo en un paraíso, pero también en un infierno. En todo caso, como reza el dicho popular, que Dios nos coja confesados.